Aunque no es más que la prolongación de la primera parte de la sala Hartz-zuloa , esconde varias curiosidades. Observando las paredes descubriremos que algunas zonas aparecen ennegrecidas.
Este color no se debe a ningún mineral en concreto. Es el resto de un enorme incendio, documentado, que se produjo hace algunos siglos en Aralar. Durante este episodio el entorno de Mendukilo quedó calcinado y con el tiempo las cenizas, disueltas en el agua, se han filtrado al interior de la cueva.
En esta sala podremos observar, además, varias huellas del paso de los seres humanos: formaciones rotas, restos de carburo (sustancia que se utiliza para iluminar las cuevas)...